viernes, 28 de septiembre de 2012

DEMASIADO CORAZON


- Toc toc toc- Alguien llama a la puerta del nº 15 de la calle Serrano en Madrid.

Hace unos años que Marieta siempre va vestida a la última moda. Viste trajes de las mejores marcas, de esas que solo se venden en Londres, París o Nueva York. Hace unos años que Marieta dejó su antigua vida en el barrio de Usera para empezar de cero en una zona que pensó siempre había ido más con ella. Hace unos años que a Marieta le dio por pensar que sus antiguas amistades, las de toda la vida, ya no tenían nada que ver con ella. Como tampoco tenía que ver su marido.

Marieta, antes conocida como “la mari”, no se levanta a abrir la puerta, sabe que alguien lo hará por ella. Solo espera. Y recuerda, recuerda cuando abría puertas, cuando hacía camas, cuando fregaba platos y barría suelos. Lo recuerda de vez en cuando y se sorprende, no reconoce a aquella chica. Rápidamente borra la imagen de su cabeza y sigue con lo suyo.

- Ring. Ring- Alguien llama al teléfono de la casa de Manolo, el nº 34 de la calle Marcelo Usera.

Hace unos años que Manolo ya nunca contesta al teléfono. Se le quitaron las ganas cuando la Mari lo abandonó. Manolo siempre quiso a la Mari tal y como era. La quiso desde la primera vez que la vio. La Mari tenía los ojos verdes. Manolo nunca podría olvidar aquellos ojos grandes que una vez no querían mirar más allá de los suyos. Pero eso fue hace ya mucho tiempo, demasiado…

Hoy Manolo tampoco contesta. Y sabe que nadie lo hará por él, porque Manolo lleva años viviendo sin más compañía que sus pensamientos. Y sin más aliento que sus recuerdos. Manolo cierra los ojos tranquilo mientras el teléfono sigue sonando incesante.

 

En casa de Marieta se ha armado un poco de revuelo con la visita. Era un mensajero. El mensajero dejó a Marieta un paquete. Dentro, uno de sus cuadros. Y en un sobre una nota que decía: “Te devuelvo tu cuadro porque ya no lo quiero”.

Hace unos años que Marieta es pintora de profesión, aunque siempre se había sentido pintora de corazón. Todo empezó por casualidad, y poco a poco sus cuadros empezaron a venderse. Marieta empezó a confiar en su talento y con el dinero conseguido con las primeras ventas empezó a promocionarse aquí y allá. Hasta que conoció a Valentín, marchante de arte.

Valentín tenía su propia galería, y unas ganas locas de enamorar a una joven promesa. A sus 60 años conoció a la Mari y empezó a llamarla Marieta, decía que así vendería más cuadros. Y no se equivocaba. Valentín “abrió” los ojos de la Mari. “el mundo del arte es así Marieta” le decía Valentín, “uno no crece si se queda en Usera” así que Marieta se deshizo literalmente de todo lo que pudiera ligarle a su antigua vida y se mudó con Valentín.

Ahora Marieta mira su cuadro y recuerda la ilusión que sintió cuando Manolo le dijo que una vez más, alguien había comprado una de sus pinturas.

- ¿y quién lo ha comprado?- Preguntaba la Mari una y otra vez. Pero Manolo nunca llegó a darle una respuesta concreta.

-  Un amigo de un amigo, no sé cómo se llama, pero le ha encantado Mari, mañana mismo quiere que se lo llevemos- decía Manolo emocionado al ver la cara de la Mari.

-  ¿y cuanto dinero nos va a pagar?- preguntaba nerviosa la Mari.

-  50.000 pesetas Mari

Con el cuadro delante, no alcanza a comprender que quien fuera que lo comprara haya decidido devolverlo sin más. Sus cuadros hoy valían mil veces más.

Guardó el cuadro en una habitación y cerró con llave para no volver a ver nunca más el signo de su fracaso.

Pero, un día tras otro, a lo largo del mes que siguió a aquel fatídico día en la vida de Marieta, ésta tuvo que girar esa llave para encontrarse cada vez con una habitación más repleta de sus obras. Uno a uno fueron llegando por mensajero todos sus cuadros. Eran sus primeros cuadros, los mismos que le habían dado la fuerza y el dinero para seguir su sueño, para creerse lo que nunca se había atrevido a creer.

El último cuadro que llegó fue el primero que vendió. Entonces Marieta, la misma que un día se había llamado Mari, rompió a llorar. 30 años después lo había comprendido todo.

Marieta pidió a Paqui, su asistenta, que llamara a Manolo por teléfono. Pero Manolo no contestó ese día, ni ninguno de los días que siguieron a éste...

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